El PP mantiene su bastión Gallego. #28A

Uno de los refranes con más arraigo en tierras gallegas reza lo siguiente: “Nunca choveu que non escampara” o lo que es lo mismo, toda mala racha acaba llegando a su fin. Y es justamente eso lo que desea el Partido Socialista de Galicia, quien lleva sufriendo en sus carnes el dominio popular en la región desde los años 90.

Salvo por el paréntesis que supuso la legislatura que se desarrolló entre los años 2005-2009 en la que gracias al pacto con el BNG, el PSOE se hizo con la presidencia de la Xunta, Galicia es para la izquierda un feudo inexpugnable a nivel autonómico y nacional.
Tres mayorías absolutas de Manuel Fraga entre los años 90 y principios de los 2000, seguidas por otras tres mayorías absolutas de Alberto Núñez Feijoo evidencian que los gallegos prefieren el azul a la hora de depositar su voto.

Si analizamos los datos electorales a nivel nacional, el mejor resultado socialista en lo que va de siglo se obtuvo en el año 2008, cuando la formación liderada por José Luis Rodríguez Zapatero obtuvo 10 escaños de los 23 que había en juego quedándose solamente a uno del PP y obteniendo ocho más que el BNG. Tras este espejismo, en el año 2011 el PP volvió a distanciarse obteniendo 15 diputados por 6 de los socialistas, tendencia que se mantuvo en los comicios de 2015 y 2016 en los que el Partido Popular consiguió 10 y 12 representantes respectivamente prácticamente doblando a un PSOE al que la irrupción de Podemos le pasó una importante factura.

Sin embargo, el panorama que se nos presenta difiere bastante de los ocurrido hace tres años; especialmente para Podemos y su marca en la región, En Marea, que tan bien había funcionado. La confluencia de izquierdas formada por Podemos, Anova y Esquerda Unida ha saltado por los aires porque Anova, el partido de tintes nacionalistas fundado Xosé Manuel Beiras, ha decidido no concurrir a las generales.

Tras esta decisión, En Marea, presentará su propia lista, mientras que Podemos, Esquerda Unida (EU) y Equo se presentarán bajo la denominación En Comú-Unidas Podemos, confluencia que En Marea considera que tiene un excesivo carácter estatalista.

El espacio que ha ido perdiendo el BNG en el electorado gallego, hasta ahora lo ha ocupado En Marea, que llegó a colocar a la izquierda por delante de la derecha en porcentaje de voto en las “fallidas” elecciones de 2015. Ese electorado le costará mantenerlo en esta ocasión a las “confluencias”, ocasión que si el PSdeG no es capaz de aprovechar lamentará severamente.

Para el 28A se espera un descenso del PP que, a pesar de seguir contando con un arraigado apoyo en la región y llevar a un baluarte como Ana Pastor de número uno por Pontevedra, se dejará 3 escaños y más de cien mil votos.

Por su parte, la atomización de En Marea provocará que el PSdeG obtenga su mejor resultado de los últimos años, alcanzando 9 diputados y cerca de 70.000 votos más que en 2016.

Lo más llamativo de Galicia es que a pesar de que la derecha mantendrá prácticamente el porcentaje de voto respecto a 2016, la izquierda con un 7 % menos de apoyos puede conseguir superarla en escaños.

Quizás una leve derrota del PP gallego, inducida por una debacle popular a nivel nacional, sea la ocasión óptima que espera Feijoo para dar el salto a Génova.

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