Madrid se ha convertido, por muchos motivos, en los últimos 15 años, en una Ciudad y Comunidad símbolo de la política española. Sus habitantes han visto como la política ha golpeado con sus peores efectos sobre ella. Ha sido un territorio en el que se han ido acumulando sucesos para que los madrileños quedasen desencantados con la política y más aun con sus representantes.

Desde el ‘tamayazo’ en 2003 que permitió hacerse con el poder a Esperanza Aguirre, ante los atónitos ojos de Rafael Simancas, las tramas Gürtel y Púnica, que han llevado al banquillo y posteriormente a prisión a varios dirigentes populares relevantes en la Comunidad de Madrid, y casos como el de la ex presidenta de la Comunidad, Cristina Cifuentes, que en su momento llegó a sonar como sucesora de Mariano Rajoy al frente del PP.

Parece que los madrileños han desarrollado una suerte de ‘resiliencia política’ a este tipo de acontecimientos que a otros muchos, o bien les llevaría a dar la espalda a sus representantes dejando de ir a votar cuando se les llama a ejercer este deber cívico, o en caso contrario habrían puesto de manifiesto un rechazo a esa forma de hacer y entender la política y habrían provocado un hundimiento de quienes fueron partícipes de estos hechos. Hasta este momento, nada de esto ha pasado. Los populares gobiernan la Comunidad y son la fuerza más votada para las generales doblando en votos a la segunda fuerza.

También han sido los madrileños testigos directos de la famosa ‘foto de Colón’ que poco antes de la convocatoria de estas elecciones retrató a los líderes que entienden la política como confrontación de ideas y que aclaró a qué bloque ideológico pertenece cada partido, si es que aun cabía duda alguna.

Es además esta Comunidad la que sirve a los partidos para lanzar, no solo a su candidato a Presidente del Gobierno, sino a sus representantes más mediáticos en el Congreso. En esta ocasión el PSOE aprovecha para garantizar el escaño en el congreso hasta a 4 ministras del actual Gobierno.

Por su parte los populares, en un nuevo giro a la derecha y ante el auge de VOX, presentan como número dos a Suárez Illana, y como novedades ajenas a la política destacan su nuevo ‘gurú’ económico Daniel Lacalle y el torero Miguel Abellán; Ciudadanos presenta a Marcos de Quinto y Edmundo Bal como nuevos fichajes estrella que también vienen de fuera de la política.

En este contexto llegamos al 28 A, y con las autonómicas y municipales a la vuelta de la esquina, en la que todos los partidos saben que se juegan mucho, dada la importancia que tiene gobernar una de las comunidades y ayuntamientos con mayor repercusión en España.

La actual polarización entre bloques ideológicos se verá también reflejada en Madrid, donde en los últimos 12 años la izquierda ha perdido diez puntos de apoyo que la derecha ha ido consolidando. Es una de las regiones más desiguales de España en la que los contrastes entre ricos y pobres son cada vez más pronunciados. Esta distancia entre bloques que en 2016 alcanzó 16 puntos y 500 mil votos se mantendrá similar en estas elecciones.

Ciudadanos enfoca su campaña y sus argumentos para atraer apoyos en el votante tipo cosmopolita y urbanita, y que considera que votarles es romper ‘clichés’ por lo que puede consolidar su presencia entre el votante más moderado y centrado tradicional tanto del PSOE como de los populares y acercarse a ser la fuerza más votada para estas generales.

En el bloque de izquierdas, Sánchez, junto con las 4 ministras de su Gobierno, y  el número 3 de los socialistas y Secretario General del PSOE en Madrid, José Manuel Franco, tratarán de devolver al PSOE al millón de votos, para lo cual deben conseguir movilizar a la izquierda barrio a barrio y pueblo a pueblo en Madrid.

Si los socialistas quieren que Madrid sea clave en la recuperación por el espacio político del bloque de la izquierda en España no deben conformarse con ese millón de votos, sino aspirar a doblar su resultado de 2016, y concentrar el voto de izquierdas, lo que les llevaría a conseguir hasta 14 diputados por Madrid.