Cataluña ha marcado la agenda de la pasada legislatura, está siendo el tema estrella de la campaña electoral y con toda seguridad se convertirá en la cuestión sobre la que pivote la política nacional los próximos cuatro años. No obstante, el hecho de estar constantemente bajo una lupa mediática que analiza hasta el más mínimo incidente que acontece dentro del denominado ‘conflicto catalán’ no convierte a este territorio en predecible, sino más bien en todo lo contrario.

Las dos principales razones que explican esta acentuada volatilidad son la excepcionalidad de muchos de los sucesos acecidos en estos últimos años y el tremendo empoderamiento nacionalista, tanto de un bando como de otro, que ha desterrado del análisis cualquier otro clivaje y ha suscitado que sean las emociones las que prevalezcan en la toma de decisiones de los electores.

El análisis por bloques ideológicos destaca que, dentro de la izquierda, el PSC perdió el 67% de sus votantes, o lo que es lo mismo un millón de apoyos en tan solo ocho años, los que transcurren entre 2008 y 2016. Los grandes beneficiados de esta fuga fueron los nuevos partidos, ya que En Comú Podem y Ciudadanos se hicieron con 700 y 300 mil nuevos adeptos respectivamente. Estos pobres resultados provocaron que el Partido Socialista de Catalunya pasara de un 45 % de apoyos a tan solo el 16 % en apenas dos legislaturas. Sin embargo, los socialistas catalanes llevan tiempo revirtiendo esta situación y para 2019 se acercarán al millón de votos entre las cuatro circunscripciones y a los 12 diputados, lo que supondrá una situación intermedia entre los años boyantes de los 25 escaños y los últimos de total descalabro.

Sánchez ha elegido a Meritxell Batet, actual Ministra de Política Territorial, para encabezar la lista por Barcelona y marcar la hoja de ruta del PSOE para encauzar la cuestión catalana, proponiendo un mayor autogobierno para Catalunya siempre dentro de los límites que marca la Constitución. Como consecuencia de esta recuperación, los Comunes perderán la condición que ostentan desde hace cuatro años de partido de referencia dentro del bloque ideológico de la izquierda catalana. La marcha en 2018 de su carismático líder Xavi Domènech y la ambigüedad en las propuestas de Jaume Asens les relegará a un segundo plano y perderán casi la mitad de los apoyos y cinco de los doce escaños obtenidos en 2016.

En el bloque ideológico de derechas, el millón de votos que llevaron a Arrimadas a ganar las elecciones autonómicas en 2017 dista mucho del resultado que espera en esta ocasión la formación naranja. El motivo es doble; por un lado no ha sido capaz de liderar una posible alternativa a los partidos nacionalistas en el Parlamento Catalán. Por otro, la política de gestos, quitando lazos y realizando viajes a Waterloo pueden tener su impacto y visibilidad en un primer momento, pero si los argumentos y las soluciones propuestas no van más allá de la aplicación del artículo 155 de manera perpetua, los votantes dan por entendido que son parte del problema y nunca un cauce de solución del mismo. Pese a todo serán la opción conservadora mayoritaria lo que les otorgará seis parlamentarios.

De los otros dos componentes del ‘triunvirato´, decir que Partido Popular y VOX se disputarán dos diputados por Barcelona y es que ni siquiera el ‘efecto CAT’ – Cayetana Álvarez de Toledo – será capaz de frenar la práctica desaparición del PP de la escena política catalana. En resumidas cuentas, solo la pedrea de los 32 escaños que salen de la circunscripción más poblada de Cataluña -uno más que hace tres años-, darán algo de voz a los conservadores españoles en la región y es que su mensaje frentista será reprobado por los electores en las otras tres provincias catalanas.

Entre los nacionalistas cabe destacar la bajada de Junts Per Catalunya a mínimos históricos lo que conllevará un auge sin precedentes de Esquerra Republicana que será por primera vez el partido más votado y el más representado en una cita así, alcanzando los 14 asientos en el Congreso y más de un millón de votos. Este resultado puede y debe ser considerado como un gran éxito ya que doblará en escaños al partido con más tradición de gobierno y que actualmente ostenta la presidencia de la Generalitat.

La buena imagen pública que mantiene entre los suyos Oriol Junqueras, número uno de ERC por Barcelona, quien está asumiendo desde prisión sus responsabilidades con la justicia en contraposición del huido Carles Puigdemont y su alter ego Quim Torra, cuya gestión está dejando muchas sombras y pocas luces, penalizará a los otros políticos presos que irán en las lista de JuntsXCat (Sánchez, Rull o Turull).

Llegados a este punto que parece no tener retorno y en el que el nacionalismo lo ha canibalizado todo, es interesante recordar que Esquerra siempre fue una formación claramente independentista mientras que los partidos que antecedieron a Junts per Catalunya sólo lo fueron cuando les convino; si estamos en una carrera por ver quién es más soberanista parece lógico que el votante medio se decante por el original y no por el advenedizo.